MexiquenSer : El fantasma de la fatiga electoral en Edoméx
El Estado de México acaba de comprar un boleto para una carrera inédita. Con la homologación de la reforma judicial que aplaza la elección de jueces y magistrados locales para el próximo año, la entidad tendrá procesos electorales en 2027, 2028, 2029 y 2030. Cuatro años consecutivos con campañas, precampañas, impugnaciones, spots, encuestas y guerra de propaganda. Si la democracia se mide por la frecuencia con la que se vota, el mexiquense está a punto de graduarse con honores… aunque termine exhausto.
En medio de este escenario, el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) enfrentará la prueba más compleja de su historia reciente. No sólo deberá organizar elecciones cada año bajo un régimen de austeridad y nuevas reglas; también tendrá que demostrar que puede preservar la equidad cuando los partidos ya parecen haber encontrado el atajo perfecto: adelantar las campañas sin llamarlas campañas. Los "defensores", "promotores", "coordinadores" o cualquier otro disfraz semántico recorren el territorio mientras la autoridad intenta definir dónde termina la libertad de expresión y dónde comienza la ventaja indebida.
La paradoja es evidente. Mientras el instituto concentra buena parte de su energía en sacar adelante reformas, presupuestos y procesos inéditos, la competencia política ya corre varios metros adelante.
Y después aparece el ciudadano, convertido en el personaje menos consultado de esta historia. Será él quien durante cuatro años convivirá con bardas, espectaculares que cambian de rostro cada temporada, redes sociales saturadas de propaganda, mensajes disfrazados de informes, giras permanentes y una conversación pública dominada por la lógica electoral. Si a eso se le suma la información cotidiana, los escándalos políticos de corrupción, malos manejos y colusión con el crimen organizado, tenemos un coctel explosivo en cada mente ciudadana.
La fatiga democrática describe el desgaste que produce una política permanente, incapaz de distinguir entre gobernar y hacer campaña. El exceso de propaganda deja de informar; termina anestesiando. La saturación de mensajes no fortalece la participación ciudadana; genera indiferencia, cinismo y desconfianza hacia las instituciones.
Váyanle anotando. En 2028 se elegirán ayuntamientos y diputados; en 2028, integrantes del Poder Judicial del Estado de México; en 2029, la gubernatura y en 2030 nuevamente ayuntamientos y diputados.
Quizá el desafío más importante para el IEEM no sea únicamente organizar cuatro elecciones impecables, sino conservar su autoridad frente a actores que llevan años aprendiendo a moverse en los márgenes de la ley.
Y quizá el mayor reto para los mexiquenses sea aún más complejo: sobrevivir emocional, mental y políticamente a cuatro años consecutivos de grilla, sin perder el interés por participar ni la capacidad de distinguir entre el debate público y el incesante ruido electoral. Porque, visto así, la democracia también puede padecer de contaminación… sólo que aquí no se respira smog, sino propaganda.
