La santidad de lo cotidiano: Cuando Dios juega al fútbol en Kansas City

La santidad de lo cotidiano: Cuando Dios juega al fútbol en Kansas City
Deportes
17-06-2026 15:35:00
Daniel Lozada Gallegos

¿Qué hacer cuando Dios tiene a sus favoritos? Es la pregunta que surge inevitablemente ante la evidencia de lo inexplicable. Hace apenas unas horas, el planeta fútbol contenía el aliento ante la gesta de Kylian Mbappé, quien lograba empatar la marca de Gerd Müller en mundiales. Francia, con su despliegue de vértigo y juventud, parecía haber reclamado el centro de la atención mundial. Sin embargo, en el orden de las cosas, solo el mejor de los tiempos tiene la capacidad de arrebatar un hecho histórico con otro que, por su naturaleza, parece desafiar la lógica del deporte.

Lionel Messi, a sus casi 39 años, no solo se presentó en Kansas City; simplemente ocurrió. Marcó tres goles, alcanzó los 120 tantos con la camiseta de la selección argentina y, en un acto de insolencia divina, igualó los 16 goles de Miroslav Klose en la historia de los mundiales. Lo hizo, además, con una naturalidad que rayaba en lo mundano, como si la gloria fuera el estado natural de su existencia y no el Everest que el resto de los mortales apenas puede rozar. El récord de Klose, que se mantuvo impoluto durante 12 años, hoy tiembla. La meta está a punto de romperse, y sabemos, con la certeza de quien observa el destino, que el responsable no será otro que el capitán argentino.

Argentina, por su parte, aterrizó en Kansas con la autoridad de quien sabe quién es. El 3-0 ante Argelia fue más que un trámite; fue una declaración de principios. Ante las dudas que a veces acechan, el equipo de Scaloni respondió con la contundencia de los campeones: saben defender cuando el asedio apremia y, sobre todo, conservan esa hambre voraz de quienes no se conforman con el pasado y apuntan decididamente al bicampeonato.

El rival, Argelia, fue apenas un espectador de lujo. Aunque Luca Zidane intentó resistir bajo los tres palos con algunas intervenciones que, ante otro adversario, habrían brillado, ante la albiceleste su labor fue una misión imposible. Los primeros 20 minutos ofrecieron una ilusión de paridad —con goles anulados por fuera de juego en ambas áreas—, pero una vez que el engranaje argentino comenzó a rodar, el cuadro africano se diluyó, tocando el balón con más pena que gloria.

Y luego está el escenario. El estadio de Kansas City —conocido por el mundo como el histórico Arrowhead o "Punta de Flecha"—, ha sido testigo de hitos que trascienden el emparrillado, como aquel legendario duelo de la NFL en 2022 entre los Chiefs y los Bills. Pero hoy, ese coloso de cemento ha mutado. Ha dejado de ser solo una catedral del fútbol americano para convertirse en un recinto sagrado para el balompié.

La actuación de Messi bajo el cielo de Kansas no fue solo una estadística más en los libros de récords. Fue una lección de vigencia y un recordatorio necesario de por qué, en un mundo que a veces parece volverse plano y predecible, todavía existen los genios. Porque hay noches en las que el fútbol deja de ser un deporte para convertirse en una religión, y anoche, en Kansas, todos fuimos testigos de la liturgia del mejor de la historia.