Los participantes en esta publicación buscaron retratar esos barrios donde viven, considerados generalmente “peligrosos” o que sólo son recordados en tiempos electorales, cuando los políticos están en busca de votos; todo ello a partir de un taller impartido a distancia durante la pandemia por el fotógrafo Irving Cabrera Torres.
  • La publicación es un proyecto colaborativo que busca aportar una visión de quienes viven en los barrios, en lugares alejados del centro de las ciudades o municipios.

Ciudad de México.- Se presentó en la Casa Refugio Citlaltépetl, recinto de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, el foto-libro De la Calle, un proyecto colaborativo que busca aportar una visión de quienes viven en lugares alejados del centro de las ciudades o municipios.

Los participantes en esta publicación buscaron retratar esos barrios donde viven, considerados generalmente “peligrosos” o que sólo son recordados en tiempos electorales, cuando los políticos están en busca de votos; todo ello a partir de un taller impartido a distancia durante la pandemia por el fotógrafo Irving Cabrera Torres.

Teloloapan, Guerrero; la Ciudad de México, el Estado de México, Zapopan, Jalisco; Tijuana, Baja California, y Tucson, Arizona, son los lugares donde los participantes en el proyecto tomaron imágenes en las que buscaron captar algunos de los múltiples símbolos que existen en las sociedades de los barrios periféricos de esos sitios y las maneras en que las personas interactúan con ellos.

“Queremos participar en la construcción de nuestra identidad desde la fotografía hecha en nuestras calles, en esos espacios a los que pertenecemos, sitios donde aprendemos parte de lo que nos hace ser. Esquinas, mercados, callejones, avenidas, fiestas, bailes, elementos que componen realidades que poco se conocen”, expresó Irving Cabrera Torres, editor de la publicación, al presentar el foto-libro en la Casa Refugio Citlaltépetl, la noche del martes 5.

La publicación se presenta en un formato original: una caja de cartón dentro de la cual vienen las fotografías; esto es porque De la Calle “pretende llevar al espectador a un viaje visual desde el tacto, es decir comenzar la lectura de este foto-libro al sentir entre sus manos la textura de la caja y las imágenes impresas en formato de postal; en tiempos en que nadie se puede tocar, pues debemos guardar distancia, buscamos la interacción entre las personas cuando estén compartiendo esos recuerdos plasmados en cada foto”, apuntó también Irving Cabrera.

Thania Ochoa Armenta, quien participó en el proyecto, señaló que “abrazamos muchos compañeros desde un principio esta iniciativa, yo desde que me inscribí al taller”; en ese sentido reconoció la aportación de Irving Cabrera por haber sido profesor del taller e impulsor de la publicación y “también por su exhorto de que fuéramos fotógrafos de nuestra propia comunidad”.

“Las imágenes que nos congregan este día son historias que sí nos pasan, son historias nuestras. Cada uno de los 33 autores retrataron su lugar de origen o de residencia; el ejercicio consistió en hacer foto de calle para retomar los símbolos que están en nuestros barrios. La fotografía de calle nos recuerda que la historia no es sólo la de los grandes acontecimientos políticos. sino que la hacemos todes”, comentó Thania Ochoa, quien también explicó que De la Calle es “una edición única y limitada”.

Asimismo, Clara Victoria Flores Cruz, otra fotógrafa que se sumó a la iniciativa, apuntó: “Este trabajo me permitió salir de la crisis en la que estaba por la pandemia; también me permitió crecer personalmente. Para nosotros fue muy importante retratar el barrio y exponer de dónde somos, de dónde venimos, fue además un ejercicio de exploración y de ver lo cotidiano de otra forma”.

Finalmente, el fotógrafo documentalista Federico Gama destacó que De la Calle es un libro colectivo hecho por el barrio y para el barrio, “hecho a ras de piso; un ejercicio de explorar ese lugar donde ocurre toda nuestra cosmovisión: esos primeros años en el lugar donde uno nace y crece son fundamentales para toda la vida; lo que conocemos, en lo que creemos, lo que amamos, sale de ahí”.

La fotografía, añadió Gama, se alimenta de miradas, “las necesita y las busca, siempre nuevas y críticas; la pasión del fotógrafo es mirar y que se nos mire, esté o no el fotógrafo en la imagen siempre estará presente. Eso está aquí en este libro: cómo nos miramos a nosotros mismos; con estos proyectos se pueden ir saltando esas miradas desde el poder, que es normalmente quien dice qué se debe mirar”.

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