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El Museo Arqueológico de La Quemada se integró a la red de museos del INAH y se convertirá en Museo de Sitio

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  • La intención es abrirlo nuevamente al público durante el equinoccio de primavera, en marzo próximo

Zacatecas, Zac.- Mediante un convenio de colaboración entre el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Gobierno del Estado de Zacatecas, el Museo Arqueológico de La Quemada se ha integrado a la red de museos del INAH, como Museo de Sitio de la Zona Arqueológica, con la intención de abrirlo nuevamente al público durante el equinoccio de primavera, en marzo próximo.

El arqueólogo Carlos Alberto Torreblanca Padilla, quien ha sido nombrado director de recinto museístico, explica que con apoyo del gobierno estatal ya inició el retiro de la techumbre, la cual presentaba serios problemas de humedad, y conjuntamente con la Dirección de Obras del INAH se dará comienzo el proceso de impermeabilización y reparación del techo.

Una vez resueltos los problemas de filtración de agua que ha padecido el edificio, el INAH, con apoyo del gobierno estatal, llevará a cabo la rehabilitación completa del inmueble: se intervendrán aplanados, acabados arquitectónicos, pisos e instalaciones eléctricas; paralelamente, la Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones (CNMyE) del INAH trabaja en el proyecto museográfico, a partir de un guion científico elaborado por el propio arqueólogo.

Asimismo, ha iniciado la curaduría de piezas que se exhibirán y se trabaja en una serie de entrevistas con los investigadores que han estudiado el sitio para, a partir de sus voces y testimonio, reconstruir la historia de la arqueología en este sitio de la cultura del Valle de Malpaso, en Zacatecas, e integrarla al discurso museográfico.

El contenido del museo cambiará totalmente, explicó el director del recinto, ya que ahora no pretende abarcar la arqueología regional, pues ya existen otros museos de sitio y zonas arqueológicas abiertas al público para abordar cada caso a detalle; el Museo de Sitio de La Quemada se centrará en la cultura de Valle de Malpaso, La Quemada, sin dejar de abordar, de manera general, el contexto de su entorno y mencionar a los otros sitios prehispánicos de la región.

Respecto a la museografía, Torreblanca Padilla destacó que la gran maqueta a escala, en la que se representa cada uno de los niveles que conforman la zona arqueológica permanecerá en su lugar y será sometida a trabajos de conservación; también se pretende que el discurso explique de manera ágil y didáctica, los sistemas constructivos de las edificaciones prehispánicas que ahí se levantaron; es decir, cómo se construyeron y con qué materiales. En tanto, el área que recrea una excavación será mejorada.

Este espacio es icónico, dice Carlos Torreblanca Padilla, al recordar que abrió en 1996 con el objetivo de convertirse en un museo de arqueología regional y abordar en sus espacios a los tres centros de desarrollo cultural más representativos de Zacatecas y su región: cultura Loma San Gabriel, cultura Chalchihuites y cultura Valle de Malpaso, La Quemada.

Fue un museo pionero para Zacatecas, dentro del concepto museos temáticos, didácticos e interactivos, y su importancia radica en que comenzó a generar el interés por la arqueología en el estado. Su arquitectura y diseño se caracterizan por integrarse armoniosamente con el entorno natural y los vestigios materiales, sin romper con el contexto visual de la zona arqueológica.

El recinto abrió bajo custodia del gobierno estatal y así funcionó por casi 20 años, propiciando que con el tiempo abrieran otros espacios similares: en 2007, el Museo de Sitio de la Zona Arqueológica de Alta Vista-Chalchihuites fue el primero, y los más recientes, las zonas arqueológicas Cerro del Teúl y Cerro de Las Ventanas con su respectivo Centro Interpretativo y Museo de Sitio.

En meses recientes y en correspondencia a la política de la Dirección General del INAH, de no tener ningún museo cerrado, se elaboró un proyecto para resolver los problemas de humedad que han aquejado al recinto museográfico y revitalizarlo. Mediante el convenio de colaboración entre el Instituto y el Gobierno de Zacatecas, el recinto ha sido incorporado a la red de museos del INAH.

Asimismo, y derivado del Convenio se ha instalado un Comité Técnico que preside el INAH e integra al Instituto Zacatecano de Cultura “Ramón López Velarde”, las secretarías estatales de Obras Públicas, de Turismo y de Educación, así como a la CNMyE del INAH, para implementar un programa de rescate del museo. Durante la primera reunión del Comité Técnico se plantearon los alcances de las obras de reparación de la techumbre y de la museografía.

Una de las urbes más grandes del norte de México

La Quemada es una de las urbes prehispánicas más grandes del norte de México, junto con Paquimé, en Chihuahua, y Cerro de Trincheras, en Sonora. Está asentada en 216 hectáreas, sobre cinco niveles o terrazas respecto al Valle de Malpaso, en las laderas de un cerro de 150 metros de altura: el primer nivel se localiza en terreno plano y poco accidentado, pero conforme se asciende la pendiente, el suelo se torna escabroso.

Desde los años 80 del siglo XX, el INAH lo ha adaptado a la visita pública: abrió caminos que serpentean la ladera hasta la cima. Sin embargo, adentrarse en su historia ha sido un trabajo lento y difícil: la erosión provocada por el fuerte viento que pega en el valle desdibujó la ciudad, sus edificios y aplanados. Muchas evidencias se perdieron con los años y con el acarreo de lajas prehispánicas durante el siglo XVI para la construcción de las poblaciones coloniales.

Buscar los secretos que guarda el Valle de Malpaso dentro de espacios arquitectónicos en las laderas de un cerro ha significado escuchar el eco de una cultura única que se amplifica en toda la hondonada, precisamente identificada por los arqueólogos como Cultura del Valle de Malpaso, presente hacia el año 450, y cuyo auge lo precisan entre los años 600 y 900.

Para entonces, los investigadores calculan la existencia de unas 220 aldeas agrícolas y artesanales alrededor de La Quemada, la cual fungía como centro rector y estaba comunicada con aquellas poblaciones, a través de kilómetros lineales de caminos de laja, rectos y elaborados: un conjunto arqueológico único.

El INAH trabaja para que su museo de sitio vuelva a contar esas historias antiguas de la gente del Valle de Malpaso.

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