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Cuando la vida cambia y florece

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  • Con la metodología de FAO, 13 comunidades del estado de Hidalgo han mejorado sus ingresos fortaleciendo la producción de traspatio, producen flores de ornato, mejoraron sus capacidades técnicas comunitarias y hasta tienen cajas de ahorro.

Xochicoatlán, Hidalgo. Entre orquídeas, lilis, anturios y lisianthus, 127 mujeres de los municipios de Xochicoatlán y Tianguistengo, del estado de Hidalgo, han visto sus vidas cambiar.

Maribel Ramírez mira el invernadero y recuerda cuando vivía en la Ciudad de México: “Ya viví en la ciudad, regresé porque ya me había fastidiado el tráfico; para trabajar había que salir a las cinco de la mañana, había que sacar lo del micro, lo del pesero. Uno gana más pero aquí en el rancho también se trabaja bastante, acaba uno lleno de tierra, pero es fascinante.

Fue en 2012 cuando con apoyos para la agricultura familiar que otorgó el Gobierno de México y con el acompañamiento técnico y metodológico de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en México que se introdujo la producción de flores ornamentales para generar ingresos, primordialmente para las mujeres.

“Nosotros siempre quisimos tener un invernadero de flores, hubo la posibilidad de que llegaran las orquídeas, pues con la ayuda de los facilitadores es que se logró este proyecto. Nos capacitan, nos enseñan el manejo de las orquídeas inclusive para llegar a la venta. Hemos vendido en el municipio, hemos mandado a Chiapas, el arreglo ahora que vino el Papa, nosotros mandamos la flor”, recuerda Maribel.

El proyecto abarca 13 localidades: Tlacolula, Tlahuiltepa, Xoxocoatla y Texacal, en el municipio de Tianguistengo; y Acatepec, Tlaxcoya, Michumitla, Texcaco, Mixtla, Molangotzi, Culhuacán, Chinameca y Tenango en el Municipio de Xochicoatlán.

Hoy en día su producción alcanza las 11 000 varas y se distribuye para venta regional y nacional, generando ingresos con autoempleo. Actualmente comercializan en los mercados de Jamaica en la Ciudad de México; a la Central de Abastos de Ecatepec de Morelos, en el Estado de México y en florerías de las ciudades de Pachuca, Zumpango, Tizayuca y Tecámac, y en los Estados de Veracruz y Chiapas.

Con la floricultura han casi triplicado sus ingresos económicos: pasaron de 2 000 MXN mensuales iniciales, con dependencia de programas de gobierno y subsistencia, a hasta 66 000 MXN anuales.

Con la metodología de FAO se formaron 58 promotores comunitarios, 39 mujeres y 19 hombres, que acompañan los proyectos productivos y promueven el desarrollo de capacidades de desarrollo humano y social, productivas y técnicas en las 13 comunidades, acompañando y motivando a las y los productores de flores en sus respectivos proyectos.

Además del proyecto de floricultura, se han desarrollado otras actividades para la producción familiar de traspatio.

“Nos ha beneficiado en la nutrición, en los ingresos; ahora nuestro gasto para comprar alimentos ha disminuido, pues nosotras mismas los producimos y estoy segura que vienen tiempos mejores con el invernadero de flores”, comenta Cesiah Ramírez, de la comunidad de Texacal, municipio de Tianguistengo.

Maribel, por su parte, compara su anterior vida en la capital del país: “Allá hay que comprar todo, la lechuga, que si un kilo de huevo… aquí tenemos la posibilidad de producir. Y el aire que respiramos… es una vida totalmente distinta”.

Con capacitación, se está fortaleciendo el capital humano. Maribel explica: “Por ejemplo en el manejo de las gallinas, de cómo haya un poco más de producción, el manejo de huertos, cómo preparar nuestras verduras y el excedente sacarlo a la venta”.

Con la metodología de FAO se propició también el fortalecimiento de la economía. Se crearon 12 Fondos de Ahorro Comunitario en la región, que cuentan con 144 socios; ahorran y otorgan préstamos para fortalecer sus iniciativas productivas, cuentan con infraestructura propia y perciben ingresos.

Todas estas acciones han contribuido a su empoderamiento y especialmente a la toma de decisiones tanto productivas como económicas.

Maribel finaliza: “Nuestra vida ha cambiado totalmente, en vez de levantarse en las mañanas y echar la flojerita, voy al invernadero a ver las orquídeas, a cuidarlas… económicamente hemos tenido un cambio. No voy a decirle que somos ricos porque no lo somos, pero vamos para allá”, asegura mientras abre una nueva sonrisa.