En México, en uno de los cruces fronterizos ubicados en el estado de Tamaulipas, en Matamoros, al norte del país, a mediados de abril se reportaron 17 personas clínicamente sospechosas de coronavirus en un campamento donde viven tres mil solicitantes de asilo[2], y por otro lado, en la frontera sur de la República a principios de abril se reportaba en Tenosique, Tabasco, que había 170 migrantes buscando asilo en un espacio solo para 100 personas.
  • Es imperante que se establezcan controles y monitoreo de la salud de migrantes

CIUDAD DE MÉXICO.- Ante la situación que existe en el mundo debido a la afectación causada por el COVID-19, se ha vuelto imperante que los países diseñen estrategias de protección a la salud considerando sus puertos de entrada, que es por donde las enfermedades pueden introducirse, y de acuerdo con Expo Seguridad México, se trata de una práctica que debe aplicarse para contribuir a la seguridad nacional.

Uno de los apoyos para frenar la internación de enfermedades e infecciones al país, es la medicina global y de migración; según el doctor Alejandro Díaz Villalobos, profesional de la salud en esa especialidad y vocero de Expo Seguridad México, apunta que la medicina migratoria es una práctica necesaria, pero poco reconocida y aplicada. “Únicamente cinco naciones la ejercen: Australia, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y el Reino Unido siguen un programa estándar de medicina integral que evalúa a los solicitantes de visa o residencia permanente para monitorear su salud como parte de sus estrategias nacionales de seguridad”.

“Los países que tienen un elevado número de migrantes son los que más deben preocuparse por este tema. Ese es el caso de México, ya que nos hemos convertido en una nación por donde transitan miles de personas para buscar emigrar hacia los Estados Unidos. De hecho, en nuestro país se expiden 115 mil visas de residencia cada año, de las cuales, el 99 por ciento se tramitan en Ciudad Juárez; la cantidad restante en la CDMX, en la embajada de ese país; es muy alto el volumen”.

Cabe destacar que la frontera entre México y Estados Unidos se extiende por tres mil 141 mil Km y es la más dinámica del mundo en términos de sus flujos comerciales y de personas. De acuerdo con la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), cada día se realizan más de un millón de cruces legales de personas y 300 mil de vehículos, más de 70 mil son camiones de carga[1].

Según Díaz Villalobos, el COVID-19 ilustra el alcance de un problema de salud migratorio, “porque en todos los casos, excepto en China, el virus fue ‘importado’. Cuando se detecta un contagio como éste, se deben cerrar fronteras, generar un cerco sanitario territorial y emitir una alerta internacional para evitar salidas y entradas, pero como no se hizo se están superando cifras 4 millones de personas contagiadas en el mundo, más de 283 mil defunciones, 210 países con al menos un caso de coronavirus, y los números siguen creciendo”.

En México, en uno de los cruces fronterizos ubicados en el estado de Tamaulipas, en Matamoros, al norte del país, a mediados de abril se reportaron 17 personas clínicamente sospechosas de coronavirus en un campamento donde viven tres mil solicitantes de asilo[2], y por otro lado, en la frontera sur de la República a principios de abril se reportaba en Tenosique, Tabasco, que había 170 migrantes buscando asilo en un espacio solo para 100 personas.

Debido a tales hacinamientos, Díaz Villalobos confirma que la evaluación médica en las fronteras es imperante porque ayuda a detectar afectaciones de enfermedades crónico-degenerativas, infecto-contagiosas, o problemas de salud mental de quienes arriben a un país. “Países como México deben aplicar esos controles para no correr el riesgo de que sus sistemas de salud pública se deterioren. Lo ideal sería que en todos los puertos de entrada se registren desde las huellas dactilares hasta toda la información biomédica del visitante, para ‘cruzar’ la información obtenida con la de otros países y de esa forma desarrollar un proceso organizado y seguro, con prácticas estandarizadas”.

“Debemos asegurarnos que los migrantes estén libres de padecimientos, al mismo tiempo que cuidamos los accesos al país, considerando las fronteras, costas y los aeropuertos. El COVID-19 es una realidad y esperemos que genere un despertar porque tenemos que prepararnos para la próxima; ya vimos los estragos de esta pandemia, tenemos que actuar desde ahora”, finalizó el especialista, quien será conferencista en Expo Seguridad en su carácter de Delegado de la Zona Fronteriza del Norte entre México y los Estados Unidos.

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