Guillermo Calderón Vega. Profesor Universitario, abogado, exfuncionario público, Experto en operación, negociación y concertación política. Twitter: @gmo_calderon / Facebook, Instagram, Telegram: Guillermo Calderón Vega.

Por: Guillermo Calderón Vega.

“El origen de la crítica”.

Qué tiempos los nuestros, cuando se ha vuelto habitual criticar o enfrentar críticas; ante ellas, no todos reaccionamos de la misma manera; ni al momento de expresarlas, ni al recibirlas; son tantas y de muchos estilos que en algunos casos reclama un hígado bastante entrenado para digerirlas.

Los partidos políticos, en particular sus dirigentes y como a cualquier otro actor político visible, se encuentran abiertamente expuestos a ellas, pues, dirigen para ellos y por diversos flancos, una gran cantidad de baterías llenas de críticas de todo tipo y por lo regular cargadas de juicios sociales que resaltan errores, omisiones y acciones de abuso o corrupción cometidos por ellos.

Éstas últimas,  son las razones y las causas más profundas que dan origen a la crítica constante; por eso, resulta mejor, para los políticos, darles la vuelta y tratar de impedir que sean visibles al ojo ciudadano; porque, de permitirlo, su vulnerabilidad sería mayor y para algunos significaría el retiro; y, a otros, ni siquiera se les vería dirigiendo una discusión colectiva como lo hacen ahora, tan despreocupadamente ciertos personajes del momento.

“Un vocablo de suerte”.

Al respecto, la clase política mexiquense, no ha sido ajena a este fenómeno y para ello, experimentó y echó andar, un nuevo estilo para atajar la crítica recurrente y tras el auxilio lingüístico, a la palabra crítica le añadieron cuatro letras más y con ello adjudicarse el derecho, el control y el monopolio de la discusión sobre las críticas y entonces crearon, como principio de comunicación política a la: AUTOCRITICA.

Vaya vocablo de suerte, que se adjudicaron para su comunicación política mis paisanos; más confortante, no habría otro igual; sin duda,  se trata de una interpretación reduccionista que intenta crear una atmosfera distinta, de comodidad moral; así es como construyeron una auténtica plataforma para la contemplación pura de la crítica, pues de lo que se trata es de asumir una posición no contestataria y guardar silencio respecto a las mismas, en sí, es asumirse como entes observadores, sin ánimo transformar nada; es darle tiempo al tiempo, para retardar cualquier idea de corregir y evitar la fatiga de una reconstrucción ética y mantener en suspenso -por tiempo indefinido- la necesidad de un cambio de fondo y forma.

Una práctica dilatoria”.

Aunque, la vengo oyendo desde hace ya varios años,  con este término se intenta hacer las veces de un suavizante moral, para minimizar a la crítica y desviar su atención, solo con la expresión: nos encontramos en una profunda reflexión de autocrítica; se  evita entrar a la dimensión de la responsabilidad real y a la zona de las respuestas para la sociedad; implica, para ellos, desmarcarse del seguimiento público que se hace sobre  sus acciones, formas y pensamientos; se trata, simple y llanamente, de una práctica dilatoria para sustraerse de la realidad y evitar asumir compromisos reales; de cambio de transformación; no es de su interés, porque ese es su deseo, abrir las puertas a la sociedad para que participe o que surjan nuevos liderazgos libres  que no se sometan a los cacicazgos de siempre, los que, aún se niegan a desaparecer.

La crítica es la crítica, y se responde ante ella con hechos: actuando y cambiando. Tratarla de interpretar con un estilo sublime no la hace menos aguda cuando lo es; ni le quita su intención, cuando la tiene; ni le cambia dirección, cuando tiene destinatario concreto;  lo que se requiere en estos difíciles momentos, es que, la clase política mexiquense, enfrente a la crítica sin trucos lingüísticos; que se muestren sensibles; que se alejen de la mentira y la simulación y que dejen a un lado esa práctica desviada al intentar de poner a la crítica vs. autocrítica, como medio de solución, cuando la solución está a la vista de todos.

Mis preguntas finales, por esta ocasión serian: ¿acaso la autocrítica ha dado algún resultado hasta este momento?; ¿la autocrítica ha sido un medio para disminuir el distanciamiento de la sociedad con la clase política actuante?; ¿no ha pasado ya, el tiempo suficiente como para tener algunas respuestas sobre las críticas a la incongruencia que padecemos?; ¿acaso los mexiquenses se la creen que a través de la autocrítica, serán incluidos y que quedaran fuera esos cacicazgos que persisten y perviven, tal cual, como el elefante que se encuentra en su sala y que nadie visualiza?.

Hasta aquí con una más de:  Mis preguntas finales, nos leemos en la próxima.

Guillermo Calderón Vega. Profesor Universitario, abogado, exfuncionario público, Experto en operación, negociación y concertación política. Twitter: @gmo_calderon / Facebook e Instagram: Guillermo Calderon Vega.

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