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Recrean los túneles de Copilco en exposición

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  •  Arqueólogos hallaron tefra negra, un tipo de arena cuyo estudio revela que no corresponde al Xitle, sino a otro volcán que arrojó ceniza antes

Ciudad de México.- Este verano, el Museo de Sitio de la Zona Arqueológica de Cuicuilco, al sur de la Ciudad de México, presenta una exhibición, la cual, a través del lenguaje de las capas de la Tierra, narra los percances de una aldea prehispánica mientras era devorada por la furia de los volcanes, hace dos mil 100 años: Copilco.

La ceniza gris no dejaba de caer, aproximadamente en el año 100 a.C. Hoy, los vestigios de aquella población sepultada y los rastros del evento geológico sólo pueden verse a través de siete túneles, abiertos a inicios del siglo XX por Manuel Gamio, los cuales desde 2012 continúa explorando un equipo de arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en una nueva etapa en la cual la tecnología de punta aunada a la multidisciplina están llevando a nuevos descubrimientos.

Datos recuperados recientemente sobre el evento geológico y su relación con el desarrollo cultural de esa población mesoamericana, han sido plasmados en un guión museográfico que se comparte con el público en la exhibición Copilco. Una aldea preclásica ante la furia de los volcanes, presentada en el museo de esa zona arqueológica hasta el 16 de agosto.

La muestra fue concebida por los arqueólogos del proyecto de investigación: Ignacio Sánchez Alaniz, María del Carmen Solanes Carraro, Emma Marmolejo Morales y Margarita Treviño y Acuña, de la Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos del INAH, a quienes se han sumado geólogos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Ante la imposibilidad de ingresar a los túneles de Copilco, en un espacio de 150 metros lineales, con ayuda de fotografías y muros tapizados de arenas y cenizas, la exposición recrea esos corredores subterráneos, donde la mayor fuente de información ha sido la propia tierra, leída a través de sus distintas capas superpuestas.

En la museografía, los arqueólogos dispusieron acrílicos en forma de largos cubos, como contenedores de tierra, los cuales ejemplifican cómo en la arqueología no sólo se trabajan los grandes monumentos, pues los pequeños detalles pueden revelar muchos datos, entre ellos, los que guarda el perfil de las capas de la tierra (estratigrafía).

Los contenedores transparentes fueron rellenados con tierra específica de cada capa estratigráfica del sitio arqueológico de Copilco, desde la superficie rocosa, tapizada de piedra volcánica formada con la lava del Xitle, hasta el fino tepetate de las profundidades mayores.

Las cuatro capas intermedias son: una capa de ceniza gris previa a la caída de lava, le sigue un suelo que marca un lapso entre los efectos de dos volcanes, la cuarta, es una arena de granulaje grueso conocida como tefra negra, la cual es equivalente al oro en esta investigación, dado que su reciente descubrimiento y estudio arrojan que no corresponde al Xitle, sino a otro volcán que comenzó arrojar ceniza mucho antes de que éste hiciera erupción.

En esa cuarta capa, los arqueólogos han descubierto fragmentos de cerámica y figurillas femeninas del Preclásico, periodo de apogeo del sitio. Lo más relevante de estas piezas, destacan Carmen Solanes e Ignacio Sánchez, no es su factura, sino que todas están quemadas y las figurillas totalmente ennegrecidas con la tefra:

“El contexto habla de un caos, de que los habitantes vivieron un terror al caer estas cenizas calientes que acabaron con su forma de vida, antes de que hiciera erupción el Xitle”.

Los arqueólogos explican que cada volcán tiene una “firma geológica”, de acuerdo con sus componentes químicos y físicos; en este caso los componentes de la lava y la ceniza del Xitle no corresponden a la tefra negra, es ahí cuando los geólogos se dieron cuenta que se trata de un volcán distinto y anterior a 280 d.C., cuando éste hizo erupción.

Es el descubrimiento reciente más importante que ha hecho el nuevo equipo de investigación, con apoyo del vulcanólogo de la UNAM José Luis Arce Saldaña, porque cambia el paradigma hasta ahora conocido, respecto a que la población de las aldeas cercanas a Cuicuilco fue afectada y tuvo que emigrar por la erupción del Xitle, lo cual abre nuevas posibilidades de estudio.

Con los nuevos descubrimientos de la tefra negra se evidencia la caída de ceniza caliente procedente de un volcán, aún no identificado, la cual afectó el desarrollo de esta aldea aproximadamente en 100 a.C.

La espesa capa de ceniza granulada y caliente cubrió casas, cultivos, canales y dañó el medio ambiente de un paisaje con bosques, abundantes sistemas lacustres y numerosas áreas agrícolas, las cuales influyeron en el desarrollo de aldeas habitadas por grupos cuicuilcas, entre éstas, Copilco; hoy, un rincón de la Ciudad de México donde yace una tranquila colonia de calles empedradas que tiene salida a la avenida Insurgentes, cerca de la UNAM.

Se desconoce qué áreas de la región fueron afectadas por esa ceniza negra, explican los arqueólogos al comentar que, para definirlo con certeza, está en proceso un proyecto que busca perfiles que denoten la presencia de tefra negra en los sitios excavados alrededor de Copilco, y a partir de ahí orientar hacia donde pudo ubicarse el volcán que la arrojó.

La quinta capa está asociada con el relleno en los cimientos de construcciones, el cual no fue afectado por los eventos vulcanológicos al estar debajo de la tefra negra. El arqueólogo Manuel Gamio, en 1917, exploró la mayor profundidad, es decir, la sexta capa, de tepetate, donde descubrió entierros y fosas circulares llamadas troncónicas.

Con las nuevas investigaciones, los arqueólogos han identificado, a partir del georradar, una anomalía que parece corresponder a otra cavidad troncocónica, lo cual abre la posibilidad de hallar más entierros y, de ser así, desarrollar estudios de tipo genético. En próximas temporadas de exploración podría confirmarse si, efectivamente, se trata de una fosa circular.

Por lo pronto, la exposición, coordinada por el arqueólogo Ramón López Valenzuela, recibe al visitante con amplias fotografías de los túneles y los muros de la pequeña sala, recubiertos con capas de arena y ceniza del Xitle colectadas en el propio sitio arqueológico.

También se exhiben piezas de lítica, fragmentos de cerámica quemada y figurillas femeninas recubiertas de tefra negra. A decir de los arqueólogos, son piezas únicas y relevantes porque “son evidencia de lo ocurrido en esta aldea cuando vivía su época de mayor esplendor”.