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Los Sonámbulos/De la necrosis de todo un sistema

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De la necrosis de todo un sistema

Por Jesús Delgado Guerrero

Según la histérica mezcla de “análisis-miedo” de buena parte de la propaganda neoliberal, en las elecciones presidenciales del próximo 1 de julio los electores nos encontraremos ante el duro dilema de aceptar la miseria y la desigualdad para escapar de la servidumbre, o aceptar su teología de la servidumbre para permanecer y profundizar la miseria y la desigualdad, como ha sucedido durante casi las últimas cuatro décadas.

El abismo como opción, cerrados los caminos, gurús, sacerdotes e intelectuales del Ogro Salvaje enfocan ahora sus exhortos para robustecer a la “democracia”.

Como los erizos de Schopenhauer, alejados sienten frío y muy cercanos se clavan las púas, por eso recurren a la democracia (“su” democracia) como supuesto factor de salvación institucional, aunque su doctrina se ha encargado de colocarla como una simple fachada, legitimadora de saqueos y depredaciones entre entes imbricados del poder público y el poder económico.

Al mismo tiempo, buscan deslindarse de los efectos de su credo (desigualdad y miseria) para endosárselos a una masa irracional que, dicen, por puro mal humor ha enviado señales de pretender rebelarse contra la supuesta “razón”, excluyéndose de los “bien-pensantes” y, claro, de la feliz distribución de la miseria.

Son los mismos “bien-pensantes” que atribuyen la depreciación del peso frente al dólar ya sea a la derrota, el empate o el triunfo de la selección nacional hasta en partidos amistosos, previa encerrona con escorts para conjurar espectros idiotas en las praderas siberianas de Dostoievski.

(No mencionarán jamás al rentismo especulador que, como es de esperarse, ahora que la Reserva Federal de Estados Unidos aumentó su tasa de interés, irá en pos de la ganancia rápida y fácil y, de paso, hará que la deuda pública -cerca del 50 por ciento del PIB- avance al galope hacia otras alturas, empeorando un final ya de por sí desgraciado).

Por el periodista y filosofo francés Jean-François Revel quedó claro “Cómo terminan las democracias”, esto frente a sistemas totalitarios y comunistas, ahí donde la prensa comunista y la prensa liberal “sólo tienen en común el nombre”, y donde “la nomenklatura no desea morir más que nosotros. Pretende una tal superioridad militar que haga de las democracias unos esclavos políticos. Lo que se llama la “finlandización”.

Recientemente, los profesores de política comparada de la Universidad de Harvard, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, establecieron que los autócratas emplean estrategias parecidas para pervertir las instituciones democráticas, según su libro “How Democracies Die” (Así mueren las democracias), publicado en enero pasado.

Dinamitar las instituciones o dejarlas en muletas como ha sucedido durante los últimos seis sexenios con el neoliberalismo, es mejor que encabezar golpes de estado, “cuartelazos” o maquinar asesinatos de presidentes o candidatos.

Los funerales  de la democracia ocurridos en diversos países no obedecen al surgimiento y actuación de demagogos o profetas deschavetados con iniciativa; de hecho, como se ha probado en el caso del ascenso Nazi, son consecuencia de condiciones económicas que apretaron el pescuezo a la gente.

El filósofo Spinoza lo anticipó hace siglos al desmenuzar a la República de los Hebreos frente a los profetas: en un Estado bien administrado éstos son sometidos, pero los epígonos de Moisés contarán con partidarios si éstos viven oprimidos.

El asesinato de la democracia, que en nuestro caso es “despensocracia” a mansalva, tiene que ver con la falsa división de poderes, con la ausencia de contrapesos, con la nula transparencia y rendición de cuentas; con el reciclamiento de familias y cúpulas en el poder público, también con la impunidad y la corrupción y un aparato de justicia casi nulo; tiene que ver con la monopolización de la economía,  con la especulación financiera sin freno y la evasión fiscal, donde unos pagan mucho y otros acumulan sólo por acumular.

En términos revelianos, es preciso preguntar si la descomposición y  la putrefacción, con su espesa estela de desigualdad y miseria, merecen, bajo la supuesta bandera del liberalismo, ser consideradas como una evolución  positiva.

En suma, por donde se examine al cadáver se encontrará “la necrosis de todo un sistema” que requiere algo mas que una simple cirugía.

No es ni siquiera democracia sólo organizar elecciones y que la gente vote a cambio de una despensa o tarjeta, mil o más pesos. Las peores amenaza de la democracia no son los profetas, de derecha o de izquierda, sino aquellos que se empeñan en crear condiciones de desigualdad, pretendiendo que la gente sonría por la apertura de comedores populares, signo de la miseria europea del período de entreguerras del Siglo XX.