Inicio Nacional Los Sonámbulos: De cadáveres y rostros

Los Sonámbulos: De cadáveres y rostros

424
0

De cadáveres y rostros de la desesperación

Por: Jesús Delgado Guerrero

A últimas fechas se han tenido noticias en relación con las consecuencias y parte del sentir de aquellos que, sin más fundamento que su decir, aseguran estar del lado de “la razón”, cualquier cosa que esto signifique para ellos de cara a los comicios presidenciales del próximo 1 de julio, pero que revela su dogmática inclinación por la permanencia del status quo y su “reformismo estructural”, eso que se cobija bajo el manto alcahuete de “libre mercado”, vulgar neoliberalismo.

A partir de estos “decires” se puede colegir que la “razón” está del lado de la desigualdad y la miseria y que no son menos “razonables” todos los irracionales “cracks” financieros que han mantenido postrada a la economía durante ya casi una década, a partir del 2008, con las estafas de las hipotecas Subprime en Estados Unidos.

Además, desde esa óptica, son también “razonables” la concentración de la riqueza mediante el agandalle y el desmantelamiento de las instituciones, igual el “filantrocapitalismo” financiado con recursos públicos (del tipo Ricardo Salinas Pliego y las orquestas infantiles, como se ha difundido); ni qué decir del tristemente célebre “sillón giratorio” que convierte a los gobernantes en gerentes de transnacionales y monopolios, igual la evasión de impuestos y, sobre todo, la especulación a cargo de la devastación de las economías de los países.

En suma y parafraseando a Ortega y Gasset, parece que la “razón” va a ser pulverizada por aquellos “irracionales” que, también de manera arbitraria como hacen sus contrarios ”racionales”, se erigen como paladines de la justicia y de la “razón histórica”. 

De esta manera, el rostro de la “razón”, ese que cree que todo lo anterior no solo es razonable sino lo mejor que le puede pasar a cualquier nación y merece conservarse, ha entrado en una especie de “pánico razonable”, advirtiendo escenarios casi dantescos, con mil demonios atormentando a los felices beneficiarios de los comedores populares, tarjetas para hacerse de libros, útiles, zapatos, uniformes (todo supuestamente gratis, claro) igual medicinas, las visitas al médico y, sobre todo, canasta alimentarias y despensas (ese innovador invento neoliberal que sustituyó al clientelismo de los “tortibonos” y otros para sedar a la muchedumbre).

Pero está visto que no hay cadáver que resista tantas tomadas de pelo ni estafas, incluso en Estados Unidos donde, según el rotativo británico “The Economist” (propiedad en su mayoría de familias de financieros, banqueros y empresarios y, en resumen, uno de los órganos del evangelio neoliberal), “cerca de 45 mil estadounidenses se quitaron la vida en el 2016”, siendo el suicidio “una parte importante del creciente número de “muertes de desesperación (que también incluyen sobredosis de drogas y enfermedad hepática) descritas por las economistas Anne Case y Angus Deaton”.

Es preciso detenerse aquí: al fenómeno le atribuyen diversos factores, según el impreso, pero sostiene que “otra investigación sugiere que un factor detrás de la creciente tasa de suicidios es la erosión del estatus privilegiado de los hombres blancos”, distinto de lo que sucede entre negros o latinos, menos privilegiados.

Agrega: “La relación entre el ingreso promedio y las tasas de suicidio informadas en los países es débil, pero la desigualdad, las recesiones y el desempleo están asociados con tasas más altas. El aumento del desempleo durante la crisis financiera se asoció con un aumento de las tasas de suicidio en toda Europa, por ejemplo, incluso cuando se asoció con una reducción de la mortalidad general”.

Uno supondría que los especialistas consultados irían al estudio de las causas (la erosión de la economía) y propondrían combatirlas, pero no. A los aspirantes a cadáveres casi se les recomienda hacer fila ante los hospitales de salud mental, dejando para después el estudio con un enfoque en “factores de salud no mentales más adelante, incluidas las causas de dificultades financieras”. 

Con ello, según se dijo, los viejos pobres y los nuevos desesperados recibirían alguna ayuda.

Esa es la sustancia de la “razón moderna”, el rostro de su desesperación.