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Propuesta para mejorar el cultivo de girasol en municipios mexiquenses

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Cuautitlán, Edoméx.- En función del lema, “sembrar semillas de conciencia para cosechar nuevas sociedades”, es que se yergue el modelo de actuar del ingeniero agrícola de la FES Cuautitlán, comprometido con la construcción de un campo que dignifique las condiciones de los productores y que preserve la biodiversidad de los medios naturales.

Muestra de ello son Ana Karen Granados Mayorga e Ignacio Fernando Vizcarra Hernández, egresados de Ingeniería Agrícola, quienes asesorados por el doctor Gustavo Mercado Mancera y la maestra Martha Elena Domínguez Hernández, académicos del Departamento de Ciencias Agrícolas, plantearon el proyecto “Respuesta del cultivo de girasol bajo diferentes fuentes nutrimentales y fechas de siembra en el Estado de México”, cuyo objetivo fue brindar al productor información para mejorar su cosecha en función de las condiciones de Zumpango y Cuautitlán Izcalli.

El contexto

Hace aproximadamente tres mil años, las sociedades vernáculas del norte de México y parte de Norteamérica iniciaron la domesticación del girasol, el cual se utilizaba  para ceremonias rituales, comercialización y como fuente de alimentación dadas sus propiedades, como hoy sabemos, que aportan sus semillas, implementadas en la elaboración de diferentes productos como el aceite.

Según un estudio realizado por la Profeco a varias marcas de frituras, se comprobó que son generadoras de problemas de salud como obesidad y colesterol. Ante esto, en 2014 PepsiCo México inició una línea más saludable de este tipo de productos, mismos que requerirían aceite de cártamo y de girasol.

Por ello, se involucró a productores del Estado de México para realizar la producción, a quienes se les distribuyó una variedad con alto contenido de oleico. A este proyecto se unió la compañía Syngenta, la Sagarpa, Senasica y el gobierno estatal.

La propuesta: fechas de siembra

El proyecto de Pepsico se desarrolló en varios municipios el Estado de México, entre éstos Zumpango, lugar donde el equipo de investigadores, en 2016, se entrevistó con un productor de la zona, el señor Victor Mazutti Soto, quien les compartió la problemática surgida alrededor de la siembra de girasol.

En 2015 sólo fueron sembradas 200 hectáreas en promedio en la zona de Zumpango; en 2016 se apoyó la siembra de casi 5000 mil en el estado como alternativa a los bajos rendimientos de la cebada y el maíz, como lo mencionó Ana Karen en entrevista.

Sin embargo, la canícula, periodo cálido y seco, cuya duración es de un mes (15 de julio al 15 de agosto), aproximadamente, afectó el desarrollo del cultivo de girasol en 2015, por lo que al año siguiente se debían evaluar otras fechas de siembra.

En respuesta, los tesistas propusieron al productor evaluar la siembra en diversas fechas, con la finalidad de evitar la canícula, impactar favorablemente en el rendimiento de la semilla y conocer el periodo que mejor se adapta a las características del girasol y de la zona misma. Los días fueron el 10 y el 25 de junio.

“Después de la siembra, emergencia y floración, lo que buscamos es que esta floración no coincida en el periodo de sequía intraestival (canícula). Tuvimos que buscar qué fecha es la más adecuada para que no incida en ella”, apuntó el doctor Mercado.

La comparación de resultados

Todo lo anterior establecer una comparativa en función de las fechas de siembra y el uso de la misma variedad de semilla de girasol, un trabajo basado en las cosechas del productor, en el municipio de Zumpango, y las del grupo de ingenieros agrícolas en el Campo Cuatro de la FES Cuautitlán.

Los resultados demostraron la viabilidad del proyecto, ya que los girasoles emergidos en la Facultad se caracterizaron por medir más de dos metros de altura y tener mejores características fenotípicas. Los logrados en Zumpango alcanzaron entre uno y 1.5 metros de altura máxima.

En cuanto al rendimiento, los investigadores obtuvieron un total de 3. 7 toneladas como valor promedio por hectárea, mientras que en Zumpango se obtuvo entre 2.0 y 2.5 toneladas por hectárea. “Demostramos que tenemos que determinar la fecha con base en las observaciones en campo, las cuales tienen que ser anualizadas y dependen de las condiciones de cada año”, comentaron.

No obstante, como apuntaron, es importante considerar las condiciones de cada lugar: Cuautitlán Izcalli presenta precipitaciones anuales de aproximadamente 612 mm y sus suelos son de mayor fertilidad, a diferencia de Zumpango, cuyas precipitaciones rondan entre los 400 y 500 mm al año.

Implementación de residuos orgánicos

Otro problema encontrado en la cosecha de los productores mexiquenses, y que afectó la emergencia de los girasoles, fue la plaga de la larva aterciopelada, una especie exótica que daña los cotiledones y que lleva a la plántula a la muerte. En respuesta, el proveedor de la semilla, Syngenta, recomendó que se sembrara a la profundidad indicada, punto de partida para la segunda parte del trabajo de investigación.

Así, Ana Karen y los profesores decidieron sembrar acorde a lo postulado y a diversas profundidades (5, 7, 10 y 15 cm). Se observó emergencia de las plantas en todas las profundidades, lo que evidenció el daño causado por la plaga exótica que en la siembra del 2017 no se presentó.

En el proyecto también se evaluaron fuentes nutrimentales y su efecto en el rendimiento de girasol. “Trabajamos con la aplicación de agroquímicos generalmente empleados y el uso de fuentes orgánicas: lombricompostas, lixiviado de lombricomposta, biofertilizante y composta de estiércol bovino. Ni el contenido de aceite ni la fenología ni el rendimiento se vieron mermados por el uso de fuentes orgánicas. La aplicación de biofertilizantes sobresalió en 6 % más”. Esto tiene un impacto directo en los costos de los productos.

El trabajo de Ana Karen e Ignacio contribuye a un sector del campo de nuestro Estado, ya que permite al productor evitar la mayor cantidad de pérdidas en la cosecha mediante una propuesta sólida como la fecha de siembra y el uso de biofertilizantes.

Finalmente, con la filosofía de una carrera que dignifica la labor del campo mexicano, se apoya al sector productivo, industrial, medio ambiente y al consumidor final gracias a la elaboración de una tesis de relevancia y aplicación real.