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Los Sonámbulos/Todo al alza… hasta la violencia

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Todo al alza… hasta la violencia

Por Jesús Delgado Guerrero

Con excepción de los salarios, cada vez más menguados, y del peso frente al dólar por motivos de rentismo especulador, todos los indicadores muestran la marcha ascendente de un final catastrófico, todavía por “mejorar”: desde los precios de las gasolinas hasta el apilamiento de cadáveres en planchas para necropsia y gavetas con refrigerador del Servicio Médico Forense, producto de esa disputa salvaje por el mercado de la droga y otros “servicios” entre grupos del crimen organizado y oficial, similar al que se observa ya en el mundo del neoliberalismo financiero.

“El precio promedio de la gasolina Magna, la de mayor consumo en el país, aumentó 2.01 pesos entre enero y julio de este año, lo que representó un incremento de 14.3 por ciento respecto del nivel registrado al cierre de 2017, de acuerdo con datos oficiales”, se difundió esta semana.

Se aclaró que “la magnitud del alza es superior al que se dio al cierre de 2016, cuando comenzó la liberalización del mercado de este combustible”, pero esta vez no hubo protestas, quizás por la creencia de que se ejecutó cumplida venganza en las urnas en contra los promotores de la “reforma estructural energética”.

En tanto, la gasolina Premium rompió la barrera de los 21 pesos por litro en la Ciudad de México, esto es, que tuvo un aumento de 16 por ciento frente al precio de 18.08 pesos que tenía el primero de enero.

El recuerdo no deja de dar calambres: al inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto el precio por litro de esa gasolina era de 12.69 pesos, pero al cierre de julio se vendió en 20.17 pesos, en promedio, en todo el país, lo que significa un incremento de 7.48 pesos o 58 por ciento.

Un asalariado requiere, pues, de 300 pesos más que hace seis años para llenar un tanque de 40 litros.

Contrario a lo que afirmaron los representantes del Banco de México cuando se liberalizó el precio de los combustibles, el aumento en las gasolinas ha impulsado una inflación que ha mermado todavía más el poder adquisitivo de los ciudadanos. En julio, ese indicador acumuló un alza de 4.65 por ciento, la más alta en los últimos cuatro meses, según el INEGI, y que rompe los deseos de la tecnocracia.

Estos anhelos no son raros pues desde tiempos inmemoriales se ha sabido que no hay religiosos más utopistas que estos optimistas del libre mercado o neoliberales, siempre con paraísos a futuro, muy lejanos e inalcanzables, como la competencia en el sector energético, que no existe, y la reducción de precios que, prodigiosamente, se han incrementado en forma sustancial y lesiva, contrariando a los impulsores del “reformón sexenal”.

Pero debido a la inflación, que se supone es el único trabajo que tiene el Banco de México, es que los ciudadanos ven cómo se les escurre su dinero en cualquier compra: frutas, verduras, huevo, pollo, carne y etc., etc., y etc.

Aquí no hay secretaría de Desarrollo Social que valga (próximamente de Bienestar, que no servirá para nada tampoco)  y los pobres son más pobres y los miserables todavía más.

Habrá que ver en qué termina este capítulo, que casi siempre deja mal parados a los funcionarios de Banxico en sus cálculos.

En cuanto a la violencia, también ha registrado notables incrementos como si se tratara del pago de intereses de la deuda (Peña Nieto dejará  pasivos por 10.42 billones de pesos).

Esos más de 31 mil homicidios sucedidos durante el año del 2017 parecen el resumen del mito griego sobre la Edad de Hierro: a medida que pasan, las generaciones se vuelven peores (y con ellas, los respectivos gobiernos y el fomento del negocio clandestino de las drogas).

En esto no hay perdón que valga, salvo el que otorga el creador de cada cual y, claro, el agente del ministerio público con el cierre de investigación desde el mismísimo levantamiento de los cadáveres: fue el narco (y así ha sido con todo el hilo rojo recorrido durante dos sexenios).