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Juan Muñoz, de la albañilería al Centro Aeroespacial Alemán

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Por Verenise Sánchez

Ciudad de México.- (Agencia Informativa Conacyt).- Con 18 años de trayectoria científica, Juan Muñoz Saldaña es uno de los investigadores mexicanos más destacados en el ámbito de recubrimientos cerámicos avanzados.

Actualmente es director e investigador del Centro Nacional de Proyección Térmica (Cenaprot) que pertenece al Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), Unidad Querétaro.

Además es miembro nivel II del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y, recientemente, recibió una beca de la Fundación Alexander von Humboldt para realizar una estancia posdoctoral en el Centro Aeroespacial Alemán, donde no cualquier investigador puede participar.

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, el científico señaló que en su próxima estancia en Alemania, la cual comenzará en agosto próximo, realizará innovaciones en los recubrimientos de los materiales de la industria aeronáutica.

Asimismo, narró parte de su vida y de cómo algunas de las dificultades que ha enfrentado, las ha convertido en estímulos para salir adelante.

Subrayó que quizá la clave para llegar a donde está actualmente es poner pasión a todo lo que hace, ya sea a la ciencia, que es en lo que se ocupa la mayor parte del día, o al futbol y squash, que son otras de las actividades que le gusta hacer.

De Ecatepec para el mundo

Juan Muñoz Saldaña nació en Ecatepec de Morelos, Estado de México, pero desde muy pequeño él junto con sus padres y sus nueve hermanos migraron a la Ciudad de México en busca de mejores oportunidades de vida.

“Mis padres decidieron llevarnos a la Ciudad de México con el objetivo de darnos más oportunidades de estudio, ya que ellos no pudieron estudiar”, recordó el investigador.

Señaló que desde pequeño aprendió el valor del trabajo, pues la situación económica de su familia no era muy buena y tenía que trabajar en vacaciones y fines de semana para comprar sus cosas.

“Nuestra economía familiar nos obligaba a trabajar en vacaciones y fines de semana para cubrir nuestras necesidades de calzado y vestimenta. Trabajaba en mil cosas, en todo lo que se pudiera”, expresó.

Con orgullo comentó que durante un tiempo se dedicó a la construcción, ya que su papá toda su vida se dedicó a esa actividad y él y sus hermanos le ayudaban.

Justo un día, cuando trabajaba en una obra, decidió que se esforzaría en la escuela para no seguir trabajando en eso, “es un oficio muy pesado y eso me hizo ver que el estudio era muy importante, que iba a ser mi único camino para sobresalir”.

Así que puso mucho empeño en su bachillerato para que pudiera entrar a la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas (ESIQIE), del Instituto Politécnico Nacional (IPN) para estudiar una ingeniería química.

El mundo de los materiales

Su hermano Pedro estudió ingeniería en química industrial en la ESIQIE y eso lo inspiró a estudiar una ingeniería. No obstante, la química industrial no le llamaba tanto la atención. Fue en los primeros semestres de la carrera cuando por primera vez puso un pie en el laboratorio de metalurgia y desde que entró quedó cautivado con lo que ahí se hacía.

“Cuando entré al laboratorio de metalurgia me enamoré de los materiales. Me sorprendió mucho la obtención de cosas a partir del entendimiento de la estructura y la microestructura”, recordó emocionado.

El investigador Heberto Balmori Ramírez, quien fue su asesor de tesis, fue quien lo introdujo al “mundo” de los materiales cerámicos. “El tema de los materiales no es un tema agotado, se puede hacer innovación desde el seno de los materiales, por ejemplo los aviones vuelan más rápido y cargan más peso gracias a que se hicieron innovaciones en los materiales”.

Después de concluir su ingeniería y su maestría, ambas realizadas en el IPN, Juan Muñoz Saldaña buscó la oportunidad de hacer su doctorado en la Universidad Técnica de Hamburgo, en Alemania.

“Yo quería estudiar con el científico Nils Claussen porque en todos los artículos que leía sobre materiales aparecía él”. Así que con una beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) logró estudiar su doctorado en Alemania.

“Una de las cosas que más me inspiró del doctor Claussen es que tenía su propia empresa que emanó de las investigaciones que él desarrolló, eso me pareció fascinante”.

Señaló que esa visión empresarial del científico alemán le pareció fabulosa porque en México no se pensaba así. “Muchos académicos a veces solo esperan los presupuestos institucionales y no piensan en acercarse con el sector empresarial o ser parte de ese sector. Creo que debemos tener el componente industrial, si nos limitamos solo a los presupuestos de las instituciones, será muy complicado tener más impacto”.

Sin tono de presunción, Muñoz Saldaña explicó que tuvo la oportunidad de quedarse a trabajar en Alemania; sin embargo, él quería compartir con los mexicanos lo que aprendió de los científicos y la cultura alemana.

“Cuando puse un pie en el avión para viajar a Alemania a realizar mi doctorado, me propuse que pasara lo que pasara tenía que regresar a mi país para retribuirle todas las oportunidades que me dio para que yo estudiara, pues toda mi educación la hice becado por el Conacyt. Quería regresarle algo a mi país y contribuir al desarrollo científico y tecnológico mexicano, pero sobre todo, quería ayudar a que más mexicanos salieran del país para que tuvieran otras experiencias de cómo hacer ciencia”, expresó.

Impulsar el talento de los jóvenes

“Cuando era estudiante, algunos de mis maestros vieron el potencial que tenía y me orientaron para que yo continuara, ahora a mí me toca hacer esa labor”, mencionó que se pierden muchos talentos porque no hay esa asesoría.

“Vi a muchos jóvenes muy brillantes, mucho más que yo, y no siguieron estudiando por muchos factores, pero creo que el principal fue porque no tuvieron a alguien que los orientara, que los motivara y que les enseñara que en México hay muchas becas y oportunidades para seguir”.

Recordó que cuando realizaba su doctorado, en vacaciones viajaba a México a dar charlas a jóvenes de preparatoria y de licenciatura para motivarlos a que se dedicaran a una carrera científica.

Eso de algún modo lo ayudó para que al regresar después de su doctorado fuera más fácil incorporarse a una universidad ya que, dijo, “muchos jóvenes cuando salen del país (para realizar algún posgrado) se les olvida hacer y mantener ese vínculo”.

Sonriente, Juan Muñoz señaló que la mejor manera de detectar y guiar a jóvenes talentosos es a través de la docencia. “Yo les digo a mis alumnos que hagan algo que los apasione, porque sin pasión es muy complicado hacer ciencia… El trabajo de un investigador es altamente demandante, no solo en tiempo sino en esfuerzo mental, y si no es algo que te apasione, no se podrá realizar”.