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Literatura y compromiso social van de la mano en Cuba, dicen en el LibroFest 2016‏

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La Revolución Cubana llevó las letras a todos los confines del país, “y al haber más y mejores lectores, por consecuencia se dieron más y mejores escritores. La revolución era necesaria, pues el país estaba sumido en la ignorancia, la mediocridad y la corrupción, se había convertido en el traspatio de lo que José Martí llamó ‘el norte revuelto y brutal’: Fidel Orta.

Ciudad de México.- “En Cuba era necesaria una revolución para dejar de ser el traspatio del norte brutal”, acentuó el narrador, poeta, ensayista y catedrático Fidel Antonio Orta Pérez, para explicar cómo a lo largo de la historia de la cultura isleña la realidad social está presente no sólo en la literatura, sino en todo el arte cubano.

Fue en el marco de la III edición del LibroFest Metropolitano que organiza la Universidad Autónoma Metropolitana y como aportación a las actividades de Cuba, como país invitado de honor, que se presentó la conferencia magistral “Breve historia de la literatura cubana”, en voz del Ministro Consejero Cultural de la embajada cubana en México.

“Hablar de literatura cubana es un tema difícil, sobre todo si se cuenta con poco tiempo pues requiere profundidad en el análisis y la merece. Hay un panorama general de la historia de la literatura cubana en la cual existe una realidad incuestionable: la influencia española, no sólo en las letras sino en toda la cultura de la mayor de las Antillas; pues antes del siglo XVI no quedan residuos de literatura originaria escrita, si acaso verso oral, octosílabo”, apuntó el académico y diplomático.

A su entender, ese modo oral de versificar dejó su impronta como huella de la poesía cubana anterior a 1608, al conservar su frescura y vitalidad en la literatura de Cuba. Orta Pérez concede al volumen “Espejo de paciencia”, de 1608, como un poema épico que observa características más auténticas de la isla, aunque su autor, Salvador de Balboa no era cubano, sino de las islas Canarias.

Así en la búsqueda de una manifestación del pensamiento nacional, la cubanidad comienza a trabajarse a partir del Siglo XVIII, ese sentirse cubano, pensarse cubano, lo profundo cubano; así como la cubanía, el rostro exterior, con su alegría, risa, desenfado, según el juicio del conferenciante, al mencionar la voz que poetas como Nicolás Guillén dieron al habla coloquial del “negrito” rango de alta poesía, no sin resistencia, pero con el reconocimiento inmediato de la intelectualidad de países como México.

Aunque el mestizaje cultural propio de la isla se había venido entretejiendo en la música, el teatro, con personajes que a la vez eran músicos y poetas, los escritores eran políticos y los personajes iban y venían entre quehaceres del arte, la cultura y lo social-político, la cultura siempre fue muy apegada al compromiso social.

“Sin embargo no es sino hasta el siglo XIX que la evolución del pensamiento nacional hace surgir la idea de una Cuba con su cubanidad y cubanía, sobre todo con dos grandes exponentes: José María Heredia y Heredia, poeta, padre de la poesía Romántica, como se le conoce, y también padre de la poesía social, quien muere a los 35 años, de tuberculosis, en México y a quien se le debe ese poema “Tecalli de Cholula”; y el otro es José Martí, verdadero precursor del Modernismo, que incluye el enriquecimiento léxico y la flexibilización de la sintaxis, que muestra en su poema “Ismaelillo” de 1882, muy anterior al “Azul “ del poeta nicaragüense a Rubén Darío “, agregó Orta Pérez.

Luego se da una larga pausa literaria en las letras cubanas, un impasse que se produce influido por los procesos políticos, donde sólo hay algunas manifestaciones esporádicas y aisladas de literatura, cine y otras artes, pero no menos luminosas como Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, José Lezama Lima, por mencionar algunos.

Cabe mencionar al decir de Orta fue la Revolución Cubana la que llevó las letras a todos los confines de aquel país, “y al haber más y mejores lectores, por consecuencia se dieron más y mejores escritores. La revolución era necesaria, pues el país estaba sumido en la ignorancia, la mediocridad y la corrupción, se había convertido en el traspatio de lo que José Martí llamó ‘el norte revuelto y brutal’. Surgió la necesidad de desarrollar la cultura y no hay cultura sin educación y no hay educación sin cultura; en 1959 con la campaña nacional de alfabetización la escuelas se convierte en el centro cultural por excelencia y de grandes lectores surgen grandes escritores”.

El diplomático y gestor cultural también manifestó que la cercanía con México ha dado a los literatos cubanos voz y palestra para que las letras cubanas sean leídas y reconocidas, “a pesar del bloqueo”. Confía que ante el restablecimiento de las relaciones de su país con Estados Unidos los valores de cubanía y cubanidad estén firmemente arraigados en las nuevas generaciones que no vivieron la revolución, “porque lo realmente Cuba es que ser escritor y tener un compromiso es igualmente esencial”.